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Cuando la salud deja de ser un derecho y empieza a parecer un permiso


Hay novelas que imaginan el futuro. Pero hay otras, más inquietantes, que en realidad describen el presente con otro nombre.


Eso ocurre con Índice de Dignidad. El algoritmo de la humillación. En la novela, el pan depende de una validación, el techo de una puntuación y la salud de una elegibilidad. El enfermo ya no es abandonado con brutalidad abierta, sino mediante protocolos, revisiones y procedimientos. El sufrimiento, poco a poco, deja de parecer injusticia y empieza a parecer trámite.


Ese es el punto exacto donde la ficción de la novela encuentra un espejo en Colombia 🇨🇴.

La ley colombiana dice algo muy claro: la salud es un derecho fundamental, autónomo e irrenunciable, y debe prestarse de manera oportuna, eficaz y con calidad. Eso quedó consagrado en la Ley Estatutaria 1751 de 2015.


Sin embargo, la experiencia de muchísimas personas muestra otra realidad: entre el paciente y el tratamiento aparecen autorizaciones, trámites, redes cerradas, tiempos de espera, negaciones, reprocesos y barreras administrativas. Además, el propio diseño institucional ubica a las EPS en funciones centrales del aseguramiento, la organización del acceso, el control de la atención y la articulación financiera del sistema.


📌 El gran paralelo con la novela


En la novela, el ser humano deja de ser persona y pasa a ser perfil.

En la vida real, demasiadas veces el paciente deja de ser sujeto de derecho y pasa a ser:

radicado,caso en trámite,autorización pendiente,fuera de red,medicamento no disponible,agenda no habilitada.

No siempre se le dice al enfermo: “usted no merece”.A veces se le dice algo más elegante y más cruel:

“espere”,“vuelva después”,“radique una solicitud”,“eso no depende de aquí”.

Y ahí aparece lo más grave: la humillación ya no tiene rostro de violencia, sino de procedimiento pulcro. Exactamente como en la novela, donde “la salud” se vuelve elegibilidad y “el sufrimiento” empieza a parecer un simple proceso administrativo.


⚖️ Lo que ya han advertido las instituciones


La Corte Constitucional, en la sentencia T-760 de 2008, advirtió problemas estructurales en el sistema de salud y cuestionó las barreras administrativas que impiden el acceso real a los servicios. Esa línea de control judicial ha seguido viva en autos de seguimiento posteriores.


Y los datos más recientes son preocupantes.

La Defensoría del Pueblo reportó en 2025 que las tutelas en salud aumentaron 34,10 % entre enero de 2024 y julio de 2025; que la tasa de reclamos también creció 34,2 %; y que hubo cerca de 685.000 reclamos por medicamentos en 2025, en su mayoría por tecnologías incluidas en el plan de beneficios. En marzo de 2026, además, advirtió que en el caso de Nueva EPS aún no hay un acceso efectivo, oportuno y continuo para sus usuarios, y que persisten barreras estructurales en varios territorios.


💰 El problema de fondo: cuando la intermediación manda más que el cuidado


El modelo de EPS fue presentado durante años como una fórmula de organización y aseguramiento. Pero cuando la intermediación financiera termina pesando más que la urgencia del cuerpo humano, la salud empieza a deformarse.

Ya no funciona como un derecho que se garantiza.Funciona como un acceso que se administra.


Y ahí es donde la novela se vuelve inquietantemente real.

Porque el problema no es solo económico. Es también moral.

Cuando una persona enferma tiene que suplicar, insistir, esperar, tutelar o rogar por algo que la Constitución ya le reconoce, lo que está fallando no es solo una oficina. Lo que se está degradando es la dignidad pública de un país.


😔 La pedagogía de la humillación


Lo más peligroso de estos sistemas no es únicamente que retrasen o nieguen servicios.

Lo más peligroso es que educan emocionalmente al ciudadano para resignarse.

La persona enferma aprende a:

bajar la voz,dar gracias por lo que es su derecho,no protestar para no “complicar el caso”,normalizar la espera,sentir culpa por necesitar ayuda.

Eso es exactamente lo que la novela denuncia: un orden social en el que la necesidad humana empieza a parecer sospechosa, y en el que la dignidad ya no se reconoce por principio, sino que parece depender de una validación.


🤝 La respuesta ética


Pero la novela no se queda en la denuncia. También propone una salida.

Su apuesta profunda es el “nosotros”, el cuidado organizado, el vínculo humano que resiste a la deshumanización. En sus propias imágenes, cuando el cuidado se organiza, la dignidad deja de pedir permiso.


Esa es también la pregunta para Colombia:

¿Queremos un sistema de salud fundado en el derecho humano al cuidado, o un modelo donde la vida quede atrapada en la lógica de la autorización, el contrato y la intermediación financiera?


Porque cuando la salud deja de ser un derecho y empieza a parecer un permiso, no solo fracasa una política pública.

Se hiere la idea misma de nación.

 
 
 

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